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Leyendas - EP05

Bienvenido/a a Español con Sheila 

Episodio número 05

 

Este podcast va dedicado a todas aquellas personas que están aprendiendo español, conocen el vocabulario pero necesitan familiarizarse con la dicción. Conseguirás normalizar el idioma, y podrás introducirlo en tu día a día hasta que el español sea un reflejo para ti.

 

Tienes disponible la transcripción de cada episodio en mi página web spanishwithsheila.com/transcripts, para que no te pierdas ni una palabra. 

 

En este episodio relataré 3 leyendas que probablemente no conocías. Una leyenda es una narración popular que cuenta un hecho real o fabuloso normalmente adornado con elementos fantásticos y maravillosos.

 

La leyenda de Bamako: adaptación de la leyenda de África.

Cuenta una vieja leyenda  que hace miles de años no existía la luna.

Cuando los días se apagaban porque el sol se iba a descansar, las noches eran completamente oscuras y por ninguna parte se veía un resquicio de luz. Los seres humanos  y los animales no acababan de acostumbrarse a esas tinieblas. El temor se apoderaba de ellos y era raro ver algún ser vivo fuera de su hogar cuando oscurecía.

En una pequeña aldea africana vivía una muchacha llamada Bamako. Era una joven preciosa y querida por todos. Siempre estaba dispuesta a ayudar a su familia y hacía todo lo que podía para que sus vecinos se llevaran bien y vivieran en paz.

A menudo, la aldea de Bamako era atacada por soldados venidos de lejanas tierras. Aprovechaban que por la noche no se veía nada para saquear todo lo que encontraban a su paso. Los habitantes  tenían tanto miedo a la oscuridad que no salían de sus casas y los malvados soldados siempre conseguían robarles sus caballos y la comida de los graneros.

Una noche, el dios N´Togini se le apareció a Bamako y le habló con voz suave para no asustarla.

– Vengo a hacer un trato contigo porque sé lo mucho que amas a tu familia y a la gente de  tu pueblo.

– Así es, señor – respondió la chica haciendo una pequeña reverencia de respeto.

– Mira… Sé que lo estáis pasando mal por los ataques de los soldados. Mi querido hijo Djambé vive en una gruta junto al río y siempre ha estado muy enamorado de ti. Si aceptas casarte con él, te llevará al cielo y tu precioso rostro iluminará las noches. Gracias a tu luz, ya no habrá oscuridad sobre la tierra y tus vecinos podrán defenderse de sus enemigos.

Bamako, cuyo corazón era tan grande que no le cabía en el pecho, aceptó con humildad.

– Dígame, señor… ¿Qué tengo que hacer?

– Sobre la gruta donde vive mi hijo hay una roca que asoma sobre el río. Esta noche ve allí y lánzate al agua. No temas, porque Djambé te cogerá en brazos y te subirá a lo más alto del firmamento.

Bamako no dudó en decir que sí. Pensar que podía ayudar a alejar el peligro de su pueblo le hacía mucha ilusión. Cuando el sol se puso y sólo se oía el canto de los grillos, la valiente Bamako corrió hasta la roca y se lanzó al río, cayendo en los mullidos brazos del joven Djambé. Con cuidado, el hijo del dios la llevó más arriba de las nubes y allí se quedaron a vivir para siempre.

Desde entonces, la  resplandeciente cara de Bamako iluminó todas las noches del año y los habitantes ya no tuvieron miedo. Cada vez que se acercaban los soldados, les veían llegar y salían a defenderse con uñas y dientes. Con el tiempo, los ladrones dejaron de acechar la aldea y la paz regresó al pequeño pueblo.

Nadie olvidó jamás lo que Bamako hizo por ellos y se cuenta que todavía hoy en día, muchos en la aldea lanzan besos al cielo esperando que la dulce muchachita los recoja.

 

El hilo rojo del destino: adaptación de una antigua leyenda japonesa. 

En Japón existe una leyenda que cuenta que dos personas destinadas a quererse, están unidas por un hilo rojo atado a sus dedos meñiques.

Este hilo es invisible, pero llegará un día en que todos conoceremos a esa persona que está al otro lado del hilo y la amaremos profundamente.

Dice una hermosa historia que hace muchos siglos, un poderoso emperador se enteró de que en sus dominios vivía una bruja que tenía poderes y era capaz de ver el hilo rojo del destino.

El emperador, que estaba deseando casarse, ordenó que buscaran a la bruja y la llevaran ante su presencia. Quería saber a toda costa quién estaba al otro extremo de su hilo, quién sería su futura mujer. La bruja acudió al palacio y gracias a uno de sus extraños brebajes, el emperador pudo ver el hilo rojo atado a su dedo.

Comenzó a seguir el hilo y llegó hasta un pueblo rural donde vivía gente muy  humilde. Atravesando callejuelas, el hilo le condujo hasta el mercado, donde las mujeres vendían fruta y verdura mientras sus chiquillos correteaban formando un gran alboroto.

En uno de los puestos vio a una pobre campesina que amamantaba a un bebé,  al tiempo que ofrecía en cestas la cosecha del día anterior. Asombrado, comprobó que su hilo terminaba en el dedo de esa sencilla mujer.

– Señor – le dijo la bruja mirándole a los ojos – como puede ver, hasta aquí llega el hilo rojo. Eso significa que su destino está en la mujer que tiene frente a usted.

El emperador se enfadó muchísimo pensando que la bruja  estaba burlándose de él.

– ¿Estás insinuando que yo tengo o tendré algo que ver con esta harapienta campesina? – le preguntó enfadado, fulminándola con la mirada.

– Así es, majestad. Usted mismo puede ver que el hijo le ha traído hasta ella. 

Ante la insistencia de la bruja, el emperador se sintió tan ofendido y lleno de rabia, que la pagó con la chica. Se acercó a ella y le dio tal empujón que el bebé se le cayó de los brazos, se dio de bruces contra el suelo y se hizo una herida con forma de luna en la frente. Después, mandó que sus soldados apresaran a la bruja y la expulsaran de su reino.

– ¡Maldita bruja embustera! ¡Espero que no vuelvas por aquí!

El emperador se fue furioso. Ni siquiera tuvo compasión por el pequeño que lloraba sin consuelo en el regazo de su afligida mamá.

Pasaron veinte años y el emperador fue haciéndose viejo. Sabía que su obligación era casarse y fundar  una familia, pues el reino necesitaba un heredero al trono. A pesar de sus esfuerzos, todavía no había encontrado a ninguna mujer apropiada con la que tener hijos.

Un día, los consejeros reales le dijeron que muy cerca vivía una muchacha bellísima y culta que reunía todas las cualidades de una futura reina. Al emperador, que estaba harto de buscar esposa,  le pareció bien y aceptó convertirla en su mujer.

– ¡No la conozco pero estoy aburrido de esperar! ¡Me casaré con ella!

Llegó el día de la boda. Todavía no conocía a la joven con la que iba a casarse y estaba nervioso y muy  impaciente. Como mandaba la tradición, espero a la novia dentro del templo donde iba a celebrarse la pomposa ceremonia real.

Había tanta expectación que no cabía un alfiler. La futura emperatriz entró despacio, luciendo un precioso vestido bordado en oro y con la cara cubierta con un velo de seda natural.  Al llegar junto al emperador, éste levantó el velo y descubrió una joven de rostro hermoso y dulce, con una pequeña cicatriz con forma de luna cerca de la sien.

El emperador se emocionó. Esa mujer era aquel bebé al que años atrás había agredido por culpa de su orgullo. Con lágrimas en los ojos, tocó la vieja cicatriz de la muchacha y la besó. Entre la multitud que abarrotaba el templo, distinguió a su madre, la campesina que vendía fruta en el mercado. Se acercó a ella y tomando sus manos, le pidió perdón por su vergonzoso comportamiento en el pasado.

Se casaron y fueron muy felices, pues el hilo del destino jamás se rompió entre ellos.

 

La leyenda del águila: adaptación de una leyenda de Albania.

En Europa, muy pegadito a Grecia, hay un país llamado Albania.


El nombre Albania proviene de una antigua y curiosa leyenda que ahora mismo vas a conocer.

Dice la historia que hace muchos, muchísimos años, un muchacho se levantó una mañana muy temprano para ir a cazar.

Caminó tranquilo hacia las montañas y al llegar a su destino, vio cómo en la cima de una de ellas, un águila enorme descendía del cielo y se posaba sobre su  nido. Lo que más le llamó la atención fue que el águila llevaba una serpiente, rígida como un palo, bien sujeta con el pico.

– ¡Vaya, hoy el águila está de suerte! ¡Acaba de amanecer y ya ha conseguido alimento para su cría!

La reina de las aves, creyendo que la serpiente estaba muerta, la dejó caer junto a su hijo y remontó el vuelo para ir a buscar más.

¡Qué equivocada estaba! En cuanto desapareció en el horizonte, la serpiente se desenroscó, abrió la boca y mostró sus afilados y venenosos colmillos al indefenso polluelo ¡El pobre no tenía escapatoria y la miraba aterrado!

Por suerte el cazador lo estaba observando todo, y cuando estaba a punto de hincarle el diente, agarró su arco, afinó la puntería y lanzó una flecha mortal al peligroso reptil, que se quedó quieto para siempre. Después echó a correr hacia el nido, angustiado por si el aguilucho había sufrido alguna herida.

¡Cuánto se alegró al ver que estaba  sano y salvo! Con mucho cuidado, lo tomó entre sus manos con suavidad, y acariciándole las plumitas se alejó del lugar. 

Al rato el águila regresó  y comprobó con horror que su hijo ya no estaba. Desesperada sobrevoló la zona a toda velocidad y distinguió a un joven que se lo llevaba camino de la ciudad. Rabiosa, descendió en picado y se interpuso en su camino.

– ¡Eh, tú, ladrón! ¿A dónde vas con mi pequeño?

– ¡Me lo llevo a mi casa! La serpiente que cazaste no estaba muerta y casi se lo come de un bocado ¡Quiero ponerlo a salvo!

El águila se entristeció y sus ojos se llenaron de lágrimas.

– ¿Me estás diciendo que soy una mala madre?

– ¡No, de ninguna manera! Imagino que eres una madre buena y cariñosa como todas, pero debes reconocer que has cometido un gravísimo error.

– ¡Lo sé y estoy muy apenada por ello! Siempre estoy pendiente de proteger a mi pequeño porque le quiero más que a mí misma. Te juro que pensaba que la serpiente estaba muerta y que no correría ningún peligro.

– Ya, pero…

– Sin duda fue un descuido y no volverá a suceder. Devuélvemelo, por favor, y yo te recompensaré.

– ¿Ah, sí? ¿Y cómo lo harás? 

– ¡Seré generosa contigo! Voy a concederte las dos cualidades más valiosas que poseo.

– ¿Dos cualidades? No entiendo a qué te refieres.

– ¡Sí! A partir de ahora tendrás una visión tan aguda como la mía y tanta fuerza como estas dos alas. Nadie podrá vencerte y te aseguro que llegará un día en que te llamarán águila como a mí.

El cazador pensó que era un trato fantástico y, ciertamente, el águila parecía desconsolada y arrepentida de verdad. En lo más hondo de su corazón sintió que tenía que darle una nueva oportunidad porque al fin y al cabo, en esta vida todos cometemos errores alguna vez. Sin pensarlo más, levantó sus manos y entregó la pequeña cría a su amorosa mamá.

Pasaron varias primaveras y la promesa del águila se cumplió. El muchacho se convirtió en un hombre muy hábil y más fuerte de lo normal, capaz de cazar animales gigantescos y de participar en la defensa de su ciudad cada vez que entraban enemigos ¡Un auténtico héroe al que todos los vecinos querían y admiraban!

También pasó el tiempo para el pequeño águila, que jamás olvidó quién le había salvado la vida cuando era pequeño.

Como era de esperar creció muchísimo, y cuando se transformó en un águila grande y hermosa, decidió no separarse nunca de su amigo el cazador. Siempre a su lado, le protegía día y noche desde las alturas como un perro guardián que vela por su amo a todas horas.

La fama del cazador y de su ave protectora se hizo tan grande que toda la gente empezó a llamarle “el hijo del águila”,  y a la tierra donde vivía, Albania, que significa “tierra de las águilas”.

Hermosas historias, ¿verdad? Espero que hayas disfrutado de ellas. 

Recuerda que tienes la transcripción del episodio en mi página web spanishwithsheila.com/transcripts 

 

Si te gustan los episodios, y crees que pueden ayudar a un compañero, amigo o familiar siéntete libre de compartirlo con ellos. 

 

 Nos vemos en el próximo episodio. 

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